Según la Ingeniera Adela Hutin, Directora del equipo de investigación de biocombustibles de la Facultad de Fisicomatemática e Ingeniería de la Universidad Católica de Buenos Aires (UCA), hoy la Argentina está preparada para autoabastecerse de biodiesel, por ejemplo, dadas sus ventajas productivas. Nuestro país es el tercer productor mundial y primer exportador de aceites vegetales de soja y girasol del mundo. Sin embargo el vecino Brasil concentra, junto a Estados Unidos, el 70% de la producción mundial de etanol, y lo hace a partir del cultivo de la caña de azúcar.
“Siempre este auge de las energías alternativas se ha debido a las crisis petroleras. El petróleo es hoy un bien caro y escaso, y las reservas están en países conflictivos. Hay una necesidad mundial de autonomía energética. Un caso ejemplificador es el de Europa que no quiere depender de las importaciones de petróleo ni gas”, recalca Hutin.
“El significado etimológico de la palabra biocombustible, nos sugiere que es un combustible de origen biológico. Pero con ese criterio el petróleo sería un biocombustible porque también se origina de la biomasa. Sin embargo hay ciertas diferencias. Llamamos biomasa a toda materia orgánica que provenga del reino animal, vegetal o de residuos agroindustriales. En este momento los biocombustibles mayormente utilizados son el biodiesel, el biogas y el bioetanol. Estos se producen a partir de materias primas de origen agropecuario. El biodiesel se obtiene a partir de grasas animales y de aceites vegetales (nuevos o usados). En cambio, el bioetanol es producido por la fermentación de la caña de azúcar o del maíz. Por último se encuentra el biogas que es producto de una fermentación de desechos orgánicos: pueden ser por ejemplo: desechos vacunos. Estos en ausencia de oxigeno se fermentan y generan metano, que luego se puede utilizar como sustituto del gas”, así explica y describe la Ingeniera Hutin, además, Master Executive de Tecnología y Gestión Medioambiental.
Si bien los biocombustibles provienen de cultivos energéticos como el aceite de palma, la soja, la caña de azúcar, la remolacha y el maíz, en nuestro país y especialmente el equipo de investigación de la UCA, se encuentra investigando cultivos orgánicos alternativos como el cártamo, la jatropha y la colza que pueden utilizarse, ya que el avance de los biocombustibles no tiene por qué generar el dilema: alimentos vs. biocombustibles o intensificación agrícola vs. ecosistemas.
“Estamos investigando la utilización de algas y microalgas que no compitan con el alimento, hay numerosos grupos como el INTA y las Universidades, que estamos buscando alternativas. Las cosas se pueden hacer bien, de forma sustentable y si trabajamos en ese sentido vamos a salir adelante. En Argentina estamos acostumbrados a los dilemas, cuando lo importante es llevar una problemática adelante para poder resolverla. Las cosas no son blanco o negro, lo que estamos intentando hacer es investigar nuevos cultivos energéticos que no compitan con los alimentos, y debería pensarse en por qué no aprovechar ciertas ventajas que tenemos como país: territorios amplios, desarrollo de tecnología en el agro, entre otras cosas. Por qué pensar que la intensificación agrícola va a ser a costas de los ecosistemas y no integrando zonas que hoy están marginadas”, reflexiona Adela quien manifiesta una postura optimista con respecto a la responsabilidad y el compromiso, premisas que conjuntamente deben destacarse en este proceso, y agrega, que existen ya 13 empresas de capitales externos y nacionales, que están instalándose para generar biodiesel concretamente en nuestro país.
En mayo de 2006 fue sancionada en Argentina la ley de Biocombustibles número 26.093, allí se especifica que para el 2010 las naftas van a tener que presentar un corte del 5% de etanol, y el gasoil un 5% de biodiesel. Estos porcentajes no requerirán de modificaciones especiales en los motores de los automóviles.
“Algunas ventajas de la utilización de biocombustibles en lugar de los derivados del petróleo son: los biocombustibles se originan de fuentes orgánicas renovables, por el contrario, los reservorios fósiles de petróleo no, son escasos y se están agotando. Los biocombustibles contaminan menos si pensamos que cuando el cultivo está plantado consume dióxido de carbono para crecer y desarrollarse, aunque luego como biocombustible, lo genere en menores cantidades. Con los biocombustibles hay una suerte de compensación en este sentido. En cambio los derivados del petróleo sólo generan gases de combustión pero en su proceso de generación no aparece algo que contrarreste esas emisiones”, explica Hutin y aclara también, que se está trabajando en algunas debilidades como lo son el almacenamiento y el transporte de los biocombustibles.
“El almacenamiento es sencillo ya que se pueden utilizar tanques, pero al ser un producto de origen orgánico, el biodiesel por ejemplo, no tiene estabilidad oxidativa, es decir, sería como pensar que tiene un “vencimiento”. Con respecto al traslado en buques hay que saber que la agitación y la formación de bacterias, entre otras cosas, los afectan. Aún así existen estándares de calidad y normas técnicas que se tiene que cumplir para que el biocombustible sea aceptado”, reconoce la Ingeniera. Durante la producción de etanol se generan subproductos, de los cuales surge, entre otros, un puré residual muy nutritivo que se destina a la producción de alimento para el ganado. “Nosotros tenemos todo, el asunto es lograr continuidad y asumir seriedad y responsabilidad”, concluye la Ingeniera Adela Hutin.